La película de tu vida
se proyecta a todo color,
si querés entrar al cine a verla no esperes
al acomodador
El Robot Bajo el Agua, "El acomodador" (del disco: La óptica espacial desde el corazón)
La película de tu vida...
Pero en la Historia, como en la vida...
Stefan Zweig, La conquista de Bizancio (29 de mayo de 1453)
(en: Momentos estelares de la humanidad (catorce miniaturas históricas), Barcelona: El Acantilado, 2002, p. 66)
Era un poco filósofo, Albert...
Antonio Tabucchi, Enigma
(en: Pequeños equívocos sin importancia, Barcelona: Anagrama, 1998, p. 36)
En ocasiones una solución parece plausible...
Antonio Tabucchi, Enigma
(en: Pequeños equívocos sin importancia, Barcelona: Anagrama, 1998, p. 30)
Lo importante, lo que tengo ante mí...
Oscar Wilde, De Profundis
(Madrid: Siruela, 2000, p. 70)
Allí donde hay Dolor...
Oscar Wilde, De Profundis
(Madrid: Siruela, 2000, p. 56)
El Amor se alimenta de la imaginación...
Oscar Wilde, De Profundis
(Madrid: Siruela, 2000, p. 38)
Los barrocos amaban los equívocos
Entraron. Cenaron. Y allí mismo...
G.K. Chesterton, El hombre que fue jueves
(Madrid: Mestas, 2001, p. 94)
Querido Lord Darlington, ¡qué terriblemente depravado es usted!
Lady Windermere: Lord Darlington es un frívolo.
Lord Darington: ¡Oh! No diga eso, lady Windermere.
Lady Windermere: Entonces, ¿por qué habla tan frívolamente de la vida?
Lord Darlington: Porque creo que la vida es una cosa demasiado importante para hablar seriamente de ella.
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Oscar Wilde, El abanico de Lady Windermere
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(en: Oscar Wilde, Teatro: La importancia de llamarse Ernesto, El abanico de Lady Windermere, Una mujer sin importancia, Madrid: Edaf, 1982, p. 139)
Estas visiones dispares...
Carol Gilligan, In a Different Voice
No es que fuera una mala persona...
J.D. Salinger, El guardián en el centeno
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(Madrid: Alianza Editorial, 1999, p. 11)
Enseñar es un dar...
Este aprender es el más difícil: tomar conocimiento realmente y hasta el fondo, de lo que ya sabemos desde siempre. Este aprender, el único que nos importa aquí, exige mantenerse constantemente en lo que en apariencia es lo más obvio, por ejemplo en la pregunta acerca de lo que es una cosa. Preguntamos impertérritos acerca de la misma inutilidad manifiesta, considerada desde la utilidad; preguntamos lo que es la cosa, lo que es el instrumento, lo que es el hombre, lo que es la obra de arte, lo que es el estado, lo que es el mundo.
Martin Heidegger, La pregunta por la cosa
Pero meditando un poco más sobre estas recurrentes caídas...
El año en que dejé la escuela secundaria...
Diálogo de ruptura
Para leer a dos voces,
imposiblemente por supuesto
—No es tanto que ya no sepamos
—Sí, pero sobre todo eso, no encontrar
—Pero acaso lo hemos buscado desde el día en que
—Tal vez no, y sin embargo cada mañana que
—Puro engaño, llega el momento en que uno se mira como
—Quién sabe, yo todavía
—No basta con quererlo, si además no hay la prueba de
—Ves, de nada vale esa seguridad que
—Cierto, ahora cada uno exige una evidencia frente
—Como si besarse fuera firmar un descargo, como si mirarse
—Debajo de la ropa ya no espera esa piel que
—No es lo peor, pienso a veces; hay lo otro, las palabras cuando
—O el silencio, que entonces valía como
—Sabíamos abrir la ventana apenas
—Y esa manera de dar vuelta la almohada buscando
—Como un lenguaje de perfumes húmedos que
—Gritabas y gritabas mientras yo
—Caíamos en una misma enceguecida avalancha hasta
—Yo esperaba escuchar eso que siempre
—Y jugar a dormirse entre nudos de sábanas y a veces
—Si habremos insultado entre caricias el despertador que
—Pero era dulce levantarse y competir por la
—Y el primero, empapado, dueño de la toalla seca
—El café y las tostadas, la lista de las compras, y eso
—Todo sigue lo mismo, se diría que
—Exactamente igual, sólo que en vez
—Como querer contar un sueño que después de
—Pasar el lápiz sobre una silueta, repetir de memoria algo tan
—Sabiendo al mismo tiempo cómo
—Oh sí, pero esperando casi un encuentro con
—Un poco más de mermelada y de
—Gracias, no tengo
Julio Cortázar
Para comenzar...
Stufen
Hermann Hesse
Wie jede Blüte welkt
und jede Jugend dem Alter weicht,
blüht jede Lebensstufe,
blüht jede Weisheit auch und
jede Tugend zu ihrer Zeit,
und darf nicht ewig dauern.
Es muss das Herz bei jedem
Lebensrufebereit zum Abschied
sein und Neubeginne,
um sich in Tapferkeit und
ohne Trauernin andere, neue
Bindungen zu geben.
Und jedem Anfang wohnt
ein Zauber inne,
der uns beschützt und der uns
hilft zu überleben.
Wir sollen heiter Raum um Raum durchschreiten,
an keinem wie an einer Heimat hängen,
der Weltgeist will nicht fesseln uns und engen,
er will uns Stuf' um Stufe heben, weiten!
Kaum sind wir heimisch einem Lebenskreise
und traulich eingewohnt,
so droht Erschlaffen!
Nur wer bereit zu Aufbruch ist und Reise,
mag lähmender Gewohnheit sich entraffen.
Es wird vielleicht auch noch die Todesstunde
uns neuen Räumen jung entgegen senden:
des Lebens Ruf an uns wird niemals enden.
Wohlan denn, Herz, nimm Abschied und gesunde!
