Los barrocos amaban los equívocos

Los barrocos amaban los equívocos. Calderón y otros como él elevaron el equívoco a metáfora del mundo. Supongo que les animaba la confianza de que, el día que despertáramos del sueño de estar vivos, nuestro equívoco terrestre quedaría finalmente aclarado. Les deseo que no hayan encontrado un Equívoco sin apelación. Esto, de todos modos, ya se verá.
m
También yo hablo de equívocos, pero no creo amarlos; soy más bien propenso a descubrirlos. Malentendidos, dudas, comprensiones tardías, inútiles lamentaciones, recuerdos tal vez engañosos, errores tontos e irremediables: las cosas fuera de lugar ejercen sobre mí una atracción irresistible, casi como si fuera una vocación, una especie de pobre estigma desprovisto de sublimidad. Saber que se trata de una atracción recíproca no me sirve precisamente de consuelo. Podría consolarme la convicción de que la existencia es equívoca por sí misma y que nos distribuye equívocos a todos, pero creo que sería un axioma, tal vez presuntuoso, no muy distinto de la metáfora barroca.
m
Antonio Tabucchi, Pequeños equívocos sin importancia
m
(Barcelona: Anagrama, 1998, p. 7)

No hay comentarios: