Porque hablar es arriesgarse a sufrir una pequeña asfixia. Hablar es como si no nos importara morirnos: palabras y palabras pronunciadas expeliendo el aire que nos alimenta, derrochando el oro del oxígeno. Por eso yo me callo siempre; temo morirme de exceso de habla.
-
José Carlos Somoza, Cartas de un asesino insignificante
-
(Madrid: Debate, 1999, p. 75)

No hay comentarios:
Publicar un comentario